Empecé terapia. Y lo que me dijo el imbecil de mi terapeuta, el enfermo ese que Dios sabe como mierda tiene un título universitario, es que me conviene empezar un diario para soltar lo que me pasa. Que es bueno que escriba cosas que pienso o que me pasan, cuando me den ganas, para que después las veamos en terapia (si yo quiero). Y no, no quiero. Pero igual... escribo.


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HOy fue la tercera visita al psicoloco y mis problemas siguen ahí, cagándose de risa de la plata que invierto en darle de comer al imbecil que lo único que me preguntó hoy es: ¿y? ¿cómo te fue con el blog?
Tomá imbecil, lo de la blogterapia no sirve de nada, de lo único que puedo hablar es de vos.

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