Empecé terapia. Y lo que me dijo el imbecil de mi terapeuta, el enfermo ese que Dios sabe como mierda tiene un título universitario, es que me conviene empezar un diario para soltar lo que me pasa. Que es bueno que escriba cosas que pienso o que me pasan, cuando me den ganas, para que después las veamos en terapia (si yo quiero). Y no, no quiero. Pero igual... escribo.


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Si quisiera contar mi vida en primera persona, usando el estilo de las novelas o autobiografías, podría empezar diciendo simplemente: "Mi nombre es Sabrina y nací a la existencia desgraciada que llevo un día martes, lluvioso, durante el mes de marzo del año..."

Podría.

"Mi nombre es Sabrina y nací a la existencia desgraciada que llevo un día martes, lluvioso, durante el mes de marzo del año..."

Pero sería imprudente. Primero porque sé que nací en marzo, y sé que era martes. Y si empezara así ya estaría revelando cosas privadas que -aunque minúsculas- prefiero conservar para mí. No tengo muchos límites para callarme, si empiezo a contar datos reales míos en dos días estoy publicando mi celular.

También sería muy malo de mi parte empezar esta suerte de autobiografía mintiendo tan descaradamente: no llevo una existencia desgraciada, aunque es verdaderamente cierto que existo.

Y sería finalmente un poco presuntuoso autoproclamarme "Sabrina", aunque sea el nombre que puse en esta cuenta de correo que uso y en el perfil del blog.

Sabrina no es mi primer nombre. Y tampoco el segundo. Ni siquiera es un nick que haya usado nunca.


-> llamo Cande para contarme como le fue con el bombón del vierrrrnesss, sigo otro día.

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