Empecé terapia. Y lo que me dijo el imbecil de mi terapeuta, el enfermo ese que Dios sabe como mierda tiene un título universitario, es que me conviene empezar un diario para soltar lo que me pasa. Que es bueno que escriba cosas que pienso o que me pasan, cuando me den ganas, para que después las veamos en terapia (si yo quiero). Y no, no quiero. Pero igual... escribo.


2010-01-04

El Batracio se fue de vacaciones ya. Tan desesperado no debe ser mi caso si el gordo puede borrarse todo enero y parte de febrero sin remordimientos.
Me dejó el número de otra pis-cóloga, la que le sirve de "apoyo de guardia" y le sofoca los incendios anímicos de sus pacientes mientras él no está. No pienso ir a verla. No me hace gracia incorporar más gente a este círculo de la confianza. Igual, copié el teléfno de la tarjetita a mi agenda. Uno nunca sabe, capaz, en un arranque de embole, la llamo y la boludeo un rato a ella también... Se llama Flavia y es sobrina de la esposa del Batracio. Mirá vos, nunca me lo hubiera imaginado casado.

Qué pobre y patética debe ser la mujer, si el Batracio es lo mejorcito que podía conseguirse.

2 comentarios:

Bella on 5 de enero de 2010, 10:51 dijo...

A veces me sorprende igual que a vos que ciertas personas estén casadas... Hay de todo para todos, no?

Sabrina on 10 de enero de 2010, 17:00 dijo...

No solo hay de todo para todos, Bella. Para algunos hay por demás... Mi viejo se casó (o juntó) con cinco mujeres...